Entrenar la concentración en el fútbol infantil

Al entrenar con deportistas de edades tempranas hay algunos aspectos que debemos destacar y dedicarles un tiempo específico de entrenamiento como son por ejemplo la atención y la concentración en el fútbol infantil.
Al entrenar con niños hay que saber que muchas veces se distraen y no prestan atención a lo que se les dice o a los ejercicios que se les pide que hagan. Normalmente hay que repetir una rutina de ejercicio más frecuentemente para que sepan lo que tienen que hacer en cada momento y explicar la estrategia de juego de forma amena y divertida para que no decaiga la atención.

Para mejorar la atención y concentración de los niños algunos aspectos importantes son:
Para que los niños presten toda la atención necesaria en un entrenamiento es importante desafiarlos con pruebas de equipo donde quien lo hace mejor es quien gana de forma que estarán atentos a “hacerlo bien”.

En la atención que presten los niños influye claramente la actitud del entrenador, tiene que transmitir los conceptos de forma rápida y concisa, repetir lo menos posible para lograr un rápido entendimiento y crear un clima de deportvidad y confianza que dé seguridad a los niños.
Otro punto muy importante para un entrenador de fútbol infantil es destacar e insistir mucho en la importancia de participar, de competir como una forma de juego y enseñarles a no tomarse las derrotas como un fracaso, de ahí la importancia de enseñarles a ganar, pero enseñarles también a perder.
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Entrenar con sentido común a los niños

Se ha observado que gran cantidad de jóvenes abandonan el entrenamiento deportivo en cuanto empiezan la pubertad. La principal causa por la que muchos jóvenes dejan de entrenar a la edad de los 13 años es causada en gran medida por personas adultas. Esto es, padres y entrenadores. La mayoría de los entrenadores apuntan que los padres son el problema principal para los jóvenes jugadores. Como entrenador, se puede ayudar a los padres a ser un mejor padre de deportista y con ello reducir la tasa de abandono de los jóvenes, mejorar la retención de los jugadores y aumentar el rendimiento de estos jugadores en el largo plazo.

Es un hecho que los padres aman a sus hijos, pero nos encontramos con que muchos no comprenden cómo funciona el desarrollo de los jugadores y sacrifican las metas que sus hijos pueden alcanzar a medio/largo plazo por la consecución de objetivos más a corto plazo. Sin duda, estos padres tienen las mejores intenciones pero carecen del conocimiento suficiente de cómo llegar a los objetivos previstos.
El principal competidor del niño no es un club o un equipo, ni tampoco otro niño. El principal competidor, el que puede hacer que el niño deje la pista, no es otro que el agotamiento. Esta es la principal razón por la que los niños dejan el deporte en edad juvenil.
Los padres suelen alegar que los entrenadores no nos fijamos en sus hijos, pero no tienen en cuenta de que hay miles de niños como ellos. Con buenas intenciones, empiezan a presionar a sus hijos, hablan en su nombre y no entienden la razón del porqué los entrenamientos no estén teniendo el resultado esperado para lanzar a su hijo al estrellato. Es el sueño de los niños y es por eso que, según ellos, tan solo necesitan un poco de empuje. Sin embargo, más lejos de la realidad, este pequeño empuje se suele tornar en frustración y pérdida de la motivación. Forzar a los niños más de la cuenta no es una buena estrategia a largo plazo, a corto puede dar resultado, pero a largo plazo puede ser un fracaso.
Los mejores deportistas son personas auto-motivadas. Estos deportistas no se crean, sino que se desarrollan. Los padres pueden ayudar a sus hijos a convertirse en uno de ellos, modelando y fomentando el esfuerzo, la dedicación, la excelencia y el trabajo duro en todo lo que hacen. No es fácil para los niños, tampoco para los padres. Los padres tienen que saber encauzar a los chavales y entonces, apartarse del camino para que los profesionales, léase los entrenadores, puedan realizar su trabajo.

No es una buena estrategia aquella en la que todos consiguen un trofeo, sino aquella que se centra en las necesidades de los niños. Cuando todos reciben el mismo reconocimiento por la participación estamos mandando un mensaje equivocado. Hay que mostrar un reconocimiento a los deportistas que trabajan duro y dedican tiempo. Valorando el trabajo y el esfuerzo, estamos animando a los jóvenes a seguir entrenando y compitiendo. El deporte es competición.